Premios y snacks: cuándo sí, cuándo no y cómo elegirlos
No todo lo que les gusta… les hace bien
Dar un premio es una de las formas más comunes de vincularnos con nuestras mascotas. Es un gesto simple, casi automático: algo rico después de un paseo, una golosina cuando nos miran con esa cara imposible de ignorar, o un refuerzo cuando hacen algo bien.
El problema aparece cuando ese gesto deja de ser ocasional y se convierte en rutina.
Los snacks no son malos en sí mismos. De hecho, bien utilizados pueden ser una herramienta muy útil, especialmente en el entrenamiento o para reforzar conductas positivas. Pero cuando se dan sin control o sin tener en cuenta el contexto, pueden empezar a generar efectos no deseados.
Uno de los errores más frecuentes es no considerar que los premios también suman calorías. Aunque parezcan pequeños, pueden representar una parte importante de la ingesta diaria, especialmente en mascotas de menor tamaño. Con el tiempo, esto puede traducirse en aumento de peso sin que resulte evidente de inmediato.
También suele pasar que se ofrecen en momentos que no ayudan a construir buenos hábitos. Dar un snack “porque sí” o como respuesta a conductas insistentes puede reforzar comportamientos que después se vuelven difíciles de corregir. La intención es buena, pero el efecto no siempre lo es.
Otro punto importante es la calidad. No todos los snacks son iguales. Algunos están formulados con ingredientes adecuados y pensados para complementar la alimentación, mientras que otros pueden ser más bien golosinas sin demasiado valor nutricional. Elegir bien hace la diferencia, sobre todo si se van a incorporar de forma regular.
La cantidad también importa. No hace falta eliminarlos, sino encontrar un equilibrio. Ajustar las porciones de alimento si se dan premios durante el día, elegir opciones más livianas o simplemente espaciar su uso puede ayudar a mantener ese balance.
En muchos casos, el premio no tiene que ser siempre comida. El juego, la atención o incluso una caricia también funcionan como refuerzo positivo. Alternar estas formas evita depender exclusivamente de los snacks y fortalece el vínculo de otras maneras.
Cuando se usan con intención, los premios cumplen un rol muy claro. Ayudan a enseñar, a guiar y a generar experiencias positivas. Pero cuando se dan sin medida, pueden perder ese valor y transformarse en un hábito difícil de manejar.
En PETS CENTER, es muy común que este tema aparezca cuando alguien consulta por aumento de peso o cambios en la alimentación. Y muchas veces, el ajuste no pasa por cambiar todo, sino por revisar cómo y cuándo se están dando esos extras.
Porque no se trata de dejar de darles algo que disfrutan, sino de hacerlo mejor.
Y cuando ese equilibrio aparece, se nota. Están igual de contentos… pero mucho más saludables. 🐾🧡
